Los estanqueros niegan estar implicados en la desaparecieron de personas que fueron a por tabaco y nunca regresaron a casa

“Que no, coño, qué tráfico de órganos ni qué leches, que aunque lo digan no van al estanco a por tabaco, lo que pasa es que dejan a la familia y cruzan el charco, que lo hemos explicado mil veces ya”.
 
Así de acres fueron las palabras del estanquero, Joaquín Fernández, en su declaración ante el juez de la Audiencia Nacional. El acusado hubo de ser llamado al orden en varias ocasiones por su lenguaje soez e inapropiado.
 
Al parecer él y otros 430 compañeros de oficio están acusados de secuestro, tráfico de órganos y pertenencia al crimen organizado.
 
La fiscalía general del Estado considera que dentro del modus operandi de la banda los estanqueros participaban como primer contacto de las víctimas, las cuales eran secuestradas mediante gases que inhalaban al aceptar cigarrillos de muestra que les ofrecían fumar in situ bellas señoritas que actuaban de señuelo. Una vez dormidos eran amordazados y maniatados, permaneciendo secuestrados en la trastienda del establecimiento, generalmente en la cava de puros, hasta que el siguiente enlace se hacía cargo de ellos. Eran trasladadas entonces hasta países del este en furgonetas equipadas quirúrgicamente. Durante el trayecto se les sometía a análisis y se les extraían los órganos solicitados por los receptores en destino.
 
La fiscalía pide 303 años de cárcel para Joaquín y sus compañeros por la desaparición de 112.327 personas.
 
El acusado insiste: “Pero, ¿para qué va a querer nadie los órganos de fumadores, oiga? ¿Es que estamos locos? Si están hechos polvo, podridos por dentro…"
 
Tierra Canalla
 
 

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Autor entrada: danielvilamota

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