Estudian instalar las vallas de seguridad de la mascletà «a fer la mà»

Se ha reunido recientemente la autoridad en materia de seguridad de la ciudad de Valencia a deliberar sobre si la distancia del público en la mascletà es la adecuada o hay que modificarla.

Todavía no ha trascendido el resultado del cónclave pero contamos con un testigo privilegiado, Joaquín Fernández, de oído largo, vecino de Russafa y presidente de la asociación: “¡Aneu a pondre!”, que ha pegado la oreja en la puerta y nos ha informado en primicia de todo lo hablado durante la reunión.

“Con el paso de los años venimos observando un incremento de las medidas de seguridad impertinente del todo, un dislate —nos cuenta este octogenario vecino—, si no fuéramos los valencianos tan se me’n fot el atropello es para blandir guillotinas, porque aquí las guillotinas las blandimos si se tercia o ahorcar a los responsables después de empalarlos un rato, con suavidad, eso sí… no somos unos bárbaros.

Esta es tierra de arte y belleza, fuego, ingenio, valentía… No hay más que ver los monumentos, qué figuras oiga, qué gráciles son, qué bien hechas, con sus curvas, delicadeza y sensualidad a la par, qué andares y contoneo, qué pechugas apretadas… me refiero a les xicones, claro, a las valencianas, llega una edad en que uno se fija en lo que vale la pena mirar…

A lo que íbamos que me lía usted. El tema de las vallas. No está muy claro de qué nos pretenden proteger ni por qué pero a nadie se le escapa que las vallas han ido ganando terreno año tras año. Desde la asociación nuestra: “Aneu a pondre” venimos insistiendo al Consistori que revise de una vez ese punto en concreto porque la distancia actual y la tendencia a aumentarla no nos gusta nada. Se oían rumores de que el asunto iba a tratarse, de buena tinta lo sabemos porque tenemos valientes infiltrados dentro. Parecía que se iban a tomar cartas en el asunto, la cosa no pintaba mal, nos frotábamos las manos con cándida esperanza… Y por fin se reunieron ayer… ¡Qué equivocados estábamos! ¡Una merda!

Todos esperábamos que la autoridad, con buen tino y sentido común, decidiera instalar las vallas todo lo más a 80 cm de los petardos, dejando aperturas para poder cruzar por dentro de la mascletà o incluso que eliminara las vallas directamente para mayor regocijo de los valencianos. Ya nos imaginábamos retozando entre los masclets, abrazándolos y besándolos en orgía de fuego y pólvora, gozando cada quemadura. Pero nada más lejos de la realidad.

Esto es muy triste, amigo mío, según he podido escuchar en primera persona la autoridad competente teme que podamos disfrutar de nuestra fiesta como venimos haciendo desde siempre, es algo que no les termina de parecer bien, les incomoda, no saben por qué pero han de poner impedimentos a todo. “Hay responsabilidades, seguros, prudencia, hacen falta límites, se puede disfrutar con moderación…”, dicen. Es verdad que ha habido accidentes, hay que reconocerlo. Sin ir más lejos yo mismo en 1967 entre las angosturas del gentío, sin querer pero queriendo, le toqué el culo a una que resultó ser un melenudo, se giró y me dio un sopapo que lo sentí tres días en el oído. Ahí comenzó un problema serio mío de perforación de tímpano y fue por haber ido a la mascletà, mea culpa.

El problema es doble en realidad: uno exterior y es que hay que cubrir expediente en materia de seguridad para salvar responsabilidades. No quieren problemas. La realidad es que ya nos organizábamos bien las fiestas antes de las normativas, de hecho, la normativa sale de la propia práctica de la fiesta. ¿Nos van a enseñar ahora a tirar petardos, a quemar las fallas o a salir y entrar de la plaza del Ayuntamiento? Pues resulta que hay que superar cursillos y rellenar papeles para hacer lo que venimos haciendo desde niños sin grandes problemas. ¡Hasta hemos tenido que hacer un test para ir a la despertà! La formación no está de más pero nos hacen rellenar papeles mojados que sirven para que los responsables salven el culo en caso de accidente.

Luego hay otro problema que es interno: si queremos fiesta habrá que aguantar lo que supone la fiesta, la cogestión de la ciudad, la aglomeración, el ruido, la suciedad, los petardos, las verbenas, etc. Hay muchas voces empeñadas en que las fallas se desarrollen como si no estuviéramos en fallas. Suele coincidir que esta gente es interesada, es decir, quieren que la verbena termine cuando ellos se retiran a dormir, quieren que solo tiren petardos sus hijos, quieren que se abra al tráfico la ciudad como Moisés abrió el Mar Rojo para sentar ellos sus huevos en sus coches y pasear y aparcar donde quieran, etc. Esta gente insiste en que se regule y limite cada una de las actividades que les resultan molestas. Desde la asociación “Anéu a Fondre” les decimos: “¡Que vos donen pel sac, malparits, si no vos agrada la festa aneusen a la merda, pero deixeu-nos disfrutar la setmana fallera a la resta!”. Son unos apolíneos, de hacerles caso terminaremos siendo el Canadá, orden y normas, orden y normas. ¡Qué gente! ¡Para echar un polvo consultan la agenda! No es nuestro carácter ese…

Pero volvamos a la reunión. Según iba escuchando no parecía que la autoridad, esa asociación de malvados montacabras, lograra consenso, lo que nos esperanzó un poco. Algunas voces preclaras, nuestros infiltrados, apuntaron que tal vez la valla esté bien así o incluso demasiado lejos. Cogieron entonces a los disidentes, mis hermanos, y después de apalearles les desterraron a Cuenca de por vida al grito de “¡Fills de putes, aneusen d’ací, esquirols de merda!”.

Una vez eliminada la disonancia la autoridad decidió a sus anchas seguir con su plan.

En 2018 las vallas de pondrán exactamente a fer la mà, esto es, el punto más cercano para ver la mascletà será la Gran Vía Fernando el Católico.

En los años siguientes la mascletà se trasladará al río. La Alameda es muy bonita, estaremos anchos y seguros pero perderemos para siempre la sonoridad y el temblor del suelo tan característicos del Ayuntamiento.

A partir de 2025 la mascletà se trasladará a “tomar por culo” directamente. Se baraja echarla en una zona baldía de Macastre, de ubicación secreta, sin asistente alguno, a modo de área 51. Está previsto poner pantallas gigantes en la plaza del Ayuntamiento para visionarla. Se repartirán auriculares homologados por la asociación de otorrinolaringólogos para que cada cual la oiga como quiera dentro de límites auditivos moderados. Para los nostálgicos encenderán incienso y unos cuantos porros en la plaza.

Por fin en 2030 se dejará de hacer la mascletà.

Según pude escuchar, el presidente de esta asociación de onanistas compulsivos terminó la reunión diciendo: “El objetivo final de nuestro plan perverso es que nadie vea ni oiga ni huela la mascletà".

Y eso es todo lo que oí, amigos”.

Tierra Canalla

Autor entrada: danielvilamota

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