Cómo no ser gilipollas

Autocuidado by Joaquín Fernández

SESIÓN I

CÓMO NO SER GILIPOLLAS

Hola, amigas y amigos, bienvenidos a esta primera sesión de Autocuidado Canalla.

Soy el Dr. Joaquín Fernández y voy a cambiar vuestra vida.

El tema de hoy, “Cómo no ser gilipollas”, es fundamental, nos afecta a todos. Si la caridad empieza por uno mismo, amigo gilipollas, por caridad, deja de serlo o intenta serlo menos.

Los gilipollas son seres que han estado siempre presentes y que mayormente se dedican a tocarnos las pelotas a los demás.

Has de saber que dejar de ser gilipollas es fácil si sabes cómo. En un futuro quizás ampliemos la cuestión y editemos el libro “Dejar de ser gilipollas para tontos”, ya veremos.

De momento hay que señalar la importancia del asunto: este es un tema transversal de la Ética. Piensa que tu felicidad depende en gran medida del bienestar de los que te rodean, por ello, tu objetivo debe centrarse en no ser gilipollas con ellos para que estén mejor y te traten mejor y así ser más felices todos.

Nada de ser bueno, virtuoso, humilde, generoso, altruista, buena gente… eso está bien pero es para nota, si eres el campeón de la caridad, enhorabuena, pero en general los demás nos conformamos con que no seas gilipollas.

Querido gilipollas, deja de serlo, el mundo te lo agradecerá.

 

LA PREGUNTA: ¿SERÉ GILIPOLLAS? es algo que en algún momento de la vida nos hemos planteado todos. Si no es así, si nunca te has preguntado a ti mismo: ¿Soy gilipollas?, entonces debes sospechar que efectivamente lo seas. Del mismo modo si constantemente te atormentas con la cuestión: ¿Soy gilipollas, soy gilipollas, soy gilipollas…? Seguramente lo seas.

 

SER, ACTUAR O PARECER GILIPOLLAS

1. Ser gilipollas

No es lo mismo ser gilipollas que tonto, idiota o imbécil, estas son pobres personas con incapacidad intelectual, cognitiva o física, aunque a menudo usemos estos términos para referirnos al verdadero gilipollas. ¡Ojo! Si le llamas a alguien tonto, idiota o imbécil, recuerda, eres un mierda y exactamente un gilipollas con todas sus letras porque te estás burlando de alguien que no puede remediar su estado mientras que el gilipollas de facto lleva aparejada la voluntad de serlo, tiene remedio y por tanto es responsable de su gilipollez, debe esforzarse en dejar de ser así.

El gilipollas se parece más al estúpido aunque este sea sólo un atributo más entre otros como el de narcisista, mala sombra, sabelotodo o inoportuno.

El gilipollas va siempre de vuelta, le explica gratuitamente al experto en cualquier materia cómo son las cosas desde su escasa o ninguna experiencia. El gilipollas le cuenta al diabético cómo es la diabetes.

El gilipollas sí que sabe organizar las vacaciones, no como tú que te tomaron el pelo y terminaste en un antro que no coincidía exactamente con el folleto y además te salió carísimo. El gilipollas sabe satisfacer a todas las mujeres, hombres, animales, vegetales y seres inanimados en la cama, no como tú, que no tienes ni media paja. El gilipollas sabe educar a tus hijos, encuentra aparcamiento en el centro, le toca la lotería y su pareja está más cañón que la tuya. El gilipollas sólo tiene un amigo quien lo disculpa a cada paso levantando los hombros y diciendo “No nos dejan devolverlo”.

El gilipollas congénito, el que es a tiempo completo, el que fue, es y será gilipollas es escaso, la mayoría se han hecho a sí mismos. A veces suele ir aparejado el proceso al cargo de algún tipo, por ejemplo al de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, ahí los hay a pares, dale a alguien una placa y la condición de autoridad y te puede incomodar (donde escribo incomodar leer: joder, vejar, maltratar…) tanto como quiera, te queda agachar la cabeza y pagar o cobrar, según el caso. Aunque vayas por la vida haciendo el bien a los demás, pagues tus impuestos y seas persona de provecho y beneficio si coincide el binomio policía y gilipollas no tienes nada que hacer, te va a crujir. No soy persona rencorosa pero pienso en cada instante que no será esta gente la autoridad toda la vida, algún día se habrán de jubilar. Guardo una pequeña lista en previsión, de unos 1.600 interfectos de uniforme y desde aquí les digo: ¡Cuidado, he visto todas las pelis de Charles Bronson, cabrones!

Según el OMA (Observatorio Manchego-Andaluz) salimos a 2’75 gilipollas por cada cien habitantes. Parece poco pero su radio de acción es variable y su efecto expansivo, como las ventosidades, por lo que su repercusión resulta exponencial, hacen mucho ruido. Así el gilipollas intoxica hasta saturar el ambiente.

Son grandes profesionales los gilipollas, constantes y tenaces. Su paradigma se ajusta a la teoría de conjuntos, a veces coinciden en el mismo lugar y tiempo o como reza el horóscopo pueden alinearse delante de ti y eclipsarte el sol en un momento dando al traste con tus proyectos.

Cada gilipollas tiene registrada una clientela regular de usuarios de gilipollas en función de su capacidad y competencia con los que interactúa a más no poder, con el resto va a apetencia, según le da. Aquí estamos todos suscritos, no te puedes borrar, es como Hacienda, has de apechugar con los gilipollas propios además de los que te van saliendo de camino.

 

2. Actuar como gilipollas

Nadie estamos a salvo de actuar como gilipollas, de hecho lo hacemos a menudo. El estrés propio de la vida maximiza las posibilidades de gilipollear. Nos pasamos el día interactuando con los demás y esto nos expone. No hay que olvidar además nuestra condición de seres contingentes, es decir, tenemos necesidades prosaicas que cuando no son satisfechas envían un mensaje al cerebro para que la glándula gilipollera segregue mala leche de inmediato y arrasamos con quien se interponga en nuestro frustrado proyecto del día, ya sea comer, ganar la Super Bowl o echar un polvo. La frustración nos transforma en alimañas, agria el carácter si no sabemos gestionarla.

Hay que decir que la mayoría de las veces somos nuestro peor enemigo, que sepas que nadie te esconde las cosas cuando las necesitas, eres tú que las pierdes o las guardas sin cuidado. Es en ese momento cuando actúas como un gilipollas llevado por la ira. ¡Menos mal que en este país no te dejan llevar armas!

Luego está el tema del coche. Esto es automático, no importa que seas catedrático de mariquiterías y buenas costumbres, conducir estresa y si tienes prisa más; los semáforos se alían en tu contra, los ancianos se hacinan en tu camino, el camión de la basura adelanta su hora, las señoras se paran a hablar en los pasos de cebra, pasan comparsas regionales y vueltas ciclistas, además te entra un apretón y no hay sitio para aparcar. Pierdes los papeles, empiezas a pitar y a increpar a todos. En ese coche ya no vas tú, va alguien peligroso, va un gilipollas. Es entonces cuando un tío te dice “¡Eh, tranqui! ¿Qué prisa tienes?”. Ahí ya tienes tres cuartas partes del cuerpo fuera del vehículo, te has cagado en su puta madre, la carótida te va a estallar, te escupes a ti mismo y a tu coche porque las palabras se amontonan en tu boca de manera grotesca… y de nuevo se agradece que vivamos en un país donde no te dejan llevar armas.

Pero hay otros tipos de gilipollas.

Tú tienes una ilusión de toda la vida, quieres ser marinero. Buscas y encuentras por fin un velerín a precio razonable. Te ves a ti mismo surcando los mares, fondeando en las islas y flirteando con pibones a sotavento y barlovento, te has comprado hasta la gorra. Al final decides solicitar un crédito para comprarte el velero sin medir mucho los gastos de mantenimiento posteriores, amarre, reparaciones, etc., pero oye, se vive sólo una vez y estás decidido, es tu anhelo, tu deseo…

Le trasladas emocionado estos pensamientos al director de tu banco, un señor seco y serio que ante todo pronóstico te dice sin pestañear que NO. Ese hijo de puta agrio de director te ha jodido la vida.

He aquí un ejemplo claro de gilipollas. Tú eres el gilipollas y el director del banco el que te ha salvado el pellejo porque ni ibas a ser marinero, ni ibas a cepillarte a modelos, ni ibas a ir a las islas, ni nada. Iba a pasar que te ibas a endeudar hasta las trancas comprando un trozo de chatarra que pide más que un hijo tonto y que flota de milagro. ¡Gilipollas, que eres gilipollas!

 

3.  Parecer gilipollas:

Este es un caso peculiar en el que el sujeto que parecía ser gilipollas, en el sentido de medio bobo, resulta que no solo no es gilipollas sino que te da sopas con honda.

De vez en cuando nos encontramos con alguno de estos personajes sencillos, familiar, que no aparenta nada, amable, no se hace de notar, va a la suya, no habla casi, no sabes mucho de él, no alardea, hasta tal punto es discreto que piensas que no se entera de nada y hasta que es un poco tonto.

Pero un día vas por la calle atareado con tus mil líos que te quitan mucho tiempo y no te sacan de pobre y ves en el semáforo a Manolo, el que pensabas que era algo gilipollas, con un Porsche 911 Turbo chupando un Chupachup.  Le miras, te mira, te saluda, te acercas, le saludas, dónde vas, preguntas, al puerto, te dice, tengo una barquita y voy a sacarla un rato, quieres venir, te ofrece, no puedo, tengo trabajo, respondes, y él te explica, todos los miércoles saco un rato de la agenda y me echo al mar, doy una vuelta, pesco algo, almuerzo en el club y así descargo tensión para terminar la semana, claro hombre, eso es fenómeno, le dices, me alegro, adiós, hasta la vista. Y te vas hecho polvo a casa por la mierda de vida que tienes y pensando en que el gilipollas eres tú y Manolo un modelo a seguir, un héroe.

 

DEJAR DE SER GILIPOLLAS

Por fin, amigo gilipollas, te dejo algunos consejos para que enmiendes la conducta y rectifiques ahora que estás a tiempo.

A) Verifica qué eres gilipollas. Si crees que los demás no se enteran de nada y sólo tú sabes de la vida, no hay duda, deja de decirte que eres diferente, asume tu condición de gilipollas y repite conmigo “No soy el ombligo del mundo, muchos millones de personas son más competentes, listos y válidos que yo en un buen número de actividades y no pasa nada”.

B)  Calla más que habla. No des lecciones a los demás sobre cosas que no sabes o no te incumben. Cada cual vive como le place y aunque te parezca increíble a los demás no nos interesa nada tu opinión ni parecer. Déjanos en paz.

C)  Trata a todos por igual y no de manera interesada. Recibe y da en equilibrio. No abuses del que es más débil ni lo desprecies.

D) Deja de exigir a todos la perfección y párate un poco a mirar tus defectos antes.

 

Dr. Joaquín Fernández

Hospital Psiquiátrico Chalupa de la Jara

Autor entrada: danielvilamota

3 thoughts on “Cómo no ser gilipollas

    Anónimo

    (12 junio, 2019 - 08:52)

    tus muerdos @adriivg7

    Anónimo

    (13 agosto, 2019 - 20:24)

    me cago en tus muertos y en toda tu generacion.

    Jhonky

    (16 septiembre, 2019 - 17:06)

    Éste texto es el trozo de mierda más grande que he leído en mi vida

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