Apalea a un conocido por cogerle del brazo mientras hablan

Los hechos ocurrieron en la fiesta de cumpleaños de su hijo organizada en una sala de juegos infantiles, un sitio de bolas de la ciudad de Valencia.

“La celebración transcurría con normalidad —nos cuenta Joaquín Fernández, agresor y padre del cumpleañero— ambiente asfixiante, ruido insoportable, situación incómoda porque no sabes de qué hablar con los otros padres, temes meter la pata por preguntarle a uno si es el abuelo del niño, sabes que debes callarte, no te callas, se lo preguntas, “¿Eres el abuelito de Ferrán?”, te responde que no, que es su papá, pones cara de poker, le evitas el resto de la tarde, te quieres morir…”

“Tu mujer también haciendo amigos le dice a otra madre que le encanta el grupo de clase, que las familias son de lo más normal, no hay mucho inmigrantes, unos pocos está bien, la variedad es buena, pero muchos es un caos porque retrasan la marcha de la clase, vienen de sus países con un nivel bajísimo, la mayoría son buena gente pero tienen otras costumbres, han de integrarse… Acto seguido esa mujer le presenta a su marido, es boliviano, mi mujer se quiere morir, intenta arreglarlo pero es peor, la caga más aún, al final pone cara de loca, hace como que responde a una llamada y se marcha de allí, los evita el resto de la tarde… “Por lo menos esta vez no he felicitado a una madre por un embarazo inexistente, esa ya me la sé”, me cuenta luego”

Según nos relata Joaquín el padre de un compañero de su hijo le acorraló en un momento dado en una mesa redonda para contarle su vida. “El hombre era muy plasta, me estuvo contando que había trabajado toda la vida en una empresa vinculada a la Ford, la fábrica de coches, no paraba de hablar de eso, de cadenas de montaje, turnos, producción y gaitas…”.

Al parecer el hombre invadía el espacio vital de Joaquín y le echaba salivazos mientras hablaba.

 “Me cogía del brazo todo el tiempo —se lamenta Joaquín— me escupía sin parar. Yo iba reculando y él estirándome del brazo. Dimos como siete u ocho vueltas a la mesa redonda, perseguido y perseguidor a la zaga. Me molesta mucho que me invadan el espacio vital y me toquen, cambié tres veces el vaso porque veía aterrizar salivazos en la bebida, se quedaban flotando, un asco.  Me fui calentando… en algún momento perdí el norte y le grité “Ya está bien de cogerme el brazo, coño, déjame en paz”, el hombre me sujetó más fuerte para disculparse, “Perdona, hombre, no me he dado cuenta”. Respiré hondo y tras una breve reflexión decidí alejarme del lugar, “Discúlpame tú —me zafé— es que me molesta mucho que me cojan mientras me hablan, venga, hasta luego”. “Pero hombre, no te vayas así”, respondió estirándome esta vez tan fuerte que derramó mi bebida sobre mis pantalones y los de una chica que estaba al lado. Ahí perdí el norte, me giré y le di un sopapo, caímos los dos rodando sobre la mesa, arrasando con todo, nos pusimos perdidos de tarta, dimos un espectáculo lamentable delante de nuestros hijos. El hombre acabó con la nariz rota y dos costillas fisuradas, yo aún cojeo. Lo lamento mucho, de verdad, no tengo disculpa”.

Tierra Canalla

Autor entrada: danielvilamota

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