Cartas a Marlenne 13 Abril

Marlenne soñada, Marlenne hallada, Marlenne amada, por fin me animo a escribirte.

Mi nombre es Javier, te vi por vez primera en la pequeña tasca de la calle Calabazas, hará cosa de un mes. Estabas bellísima y yo tan tímido y apocado que apenas me atrevía a mirarte.

Remito esta carta a aquel lugar, templo sagrado que no olvidaré por haberte conocido entre sus muros, o mejor, por haberte querido conocer y no haber consentido mi cobardía.

Seguro me recuerdas. Soy soldado de infantería, fui aquella noche al bar con mis compañeros a beber antes de partir hacia el frente. Fue verte y cortarse mi apetito, mirarte era mi único deseo. Me hiciste sentir especial, con todos hablabas, con todos flirteabas, con todos te besabas, con todos te acostabas, salvo conmigo.

Apostado estaba como recordarás en el rincón de la basura tras unas maderas y envuelto en una manta borriquera por no hacerme de notar, apenas ni respiraba. Soy hombre discreto, no me gusta llamar la atención como esos que hablan y andan por ahí paseando como si nada su persona a los ojos de cualquiera con todo descaro.

Muy mal lo pasé por ti aquella noche, has de saberlo. Se entumecieron mis piernas de estar agazapado todo el tiempo en cuclillas, anduve cojo varios días y casi pierdo el pie por la falta de riego, tuve principio de necrosis, me dijo el capitán, que es médico.

La manta era terrible, tenía más chinches que lana, picaba a morir y por el calor sofocante me desmayé varias veces, de suerte que llevaba los calzoncillos por fuera de la camiseta y bien ajustados porque las ratas tentaban a meterse dentro.

Lo peor fue la asfixia, hube de hacer un orificio en la tela para respirar porque todo cubierto y con un solo agujero para mirar con mi ojo bueno apenas alcanzaba el aire para la vida. El otro ojo lo tengo de vidrio, mi madre dice que soy difícil de mirar pero yo creo que me da un toque distinguido.

El ojo lo perdí en un accidente con un primo mío, cosas de críos. Me dijo que mirara por el hueco de un árbol, “ Dentro hay muchachas desnudas”, insistía. Entonces era yo inocente y algo lujurioso, tenía apenas veintisiete años. Acerqué la vista impaciente al agujero y mi primo por el otro lado fustigó con fuerza un vara; total que perdí el ojo. Luego no reía tanto cuando lo tiré por un barranco, de suerte se salvó porque fue a parar sobre unas higueras paleras, aunque quedó maltrecho, alelado del todo, el pobre.

Pero basta de hablar de mí, quiero saber todo de ti. Quiero que me cuentes tus deseos y pasiones, tus anhelos y esperanzas. Quiero regalarte mis caricias y todos mis besos, quiero colmarte de dádivas, quiero que inspires mis versos y consumas mi deseo febril, que sacies mi calentura adolescente con tus fricciones y exprimas mi jugo.

Espero tus palabras, suave brisa de tu aliento.

Siempre tuyo, mi diosa, mi vida, mi querida Marlenne,

Javier

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Autor entrada: danielvilamota

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